Maderas duras:
son aquellas que proceden de árboles de un crecimiento lento, por lo
que son más densas y soportan mejor las inclemencias del tiempo que las
blandas. Estas maderas proceden, por lo general, de árboles de hoja
caduca, pero también pueden ser de hoja perenne, que tardan décadas, e
incluso siglos, en alcanzar el grado de madurez suficiente para ser
cortadas y poder ser empleadas en la elaboración de muebles o vigas de
los caseríos o viviendas unifamiliares. Son mucho más caras que las
blandas, debido a que su lento crecimiento provoca su escasez, pero son
mucho más atractivas para construir muebles con ellas. También son muy
empleadas para realizar tallas de madera o todo producto en el cual las
maderas macizas de calidad son necesarias. Árboles que se catalogan
dentro de este tipo son: haya, castaño, roble, etc.
Maderas blandas:
engloba a la madera de los árboles pertenecientes a la orden de las
coníferas y otros de crecimiento rápido. La gran ventaja que tienen
respecto a las maderas duras, es su ligereza y su precio mucho menor. No
tiene una vida tan larga como las duras. La manipulación de las maderas
blandas es mucho más sencilla, aunque tiene la desventaja de producir
mayor cantidad de astillas. La carencia de veteado de esta madera le
resta atractivo, por lo que casi siempre es necesario pintarla,
barnizarla o teñirla. Algunas maderas blandas de amplio uso
son: pino, balso, olmo, etc.
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